Domingo, 15 de Enero de 2017

"Hay muchas cosas por decir que no sé cómo decir. Faltan las palabras. Pero me niego a inventar otras nuevas: las que existen deben decir lo que se consigue decir y lo que está prohibido." Clarice Lispector.

La obra de Clarice Lispector es una constante reflexión sobre el lenguaje y sobre todo, sobre los límites de la palabra.

La palabra de Clarice Lispector es rigurosa porque debe traducir con un medio limitado algo que es mucho más grande que el lenguaje. Debe traducir el misterio y lo que carece de nombre, debe expresar con términos racionales lo que la mirada percibió más allá, debe ser capaz de fijar el instante y el acto ínfimo que está en el origen de todo. La propia Clarice expresó claramente este límite de la palabra y lo que tras él se encuentra: "La palabra tiene su terrible limite. Más allá de ese límite está el caos orgánico. Después del final de la palabra empieza el gran alarido eterno."

Se nos ocurre que el teatro puede encarnar ese alarido, fusionando el límite y el caos, para darle cuerpo al alma de Clarice, a través de sus palabras: representándolas.

Abigail Buscaglia, sobre el cuento "Restos de Carnaval".

Carolina Ramirez, sobre el cuento "Mejor que arder".

Georgina Michele, sobre el cuento "El muerto en el mar de Urca".

Annie Fink, sobre el cuento "El triunfo".

Música: Eugenia Aranegui y Julieta Rodríguez

(Todas las actrices son integrantes de los Talleres de Entrenamiento
y Producción Teatral de la BCN / Espacio Segundo Subsuelo)

Duración: 90 minutos
Clasificaciones: Muestras, Teatro




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