Martes, 08 de Marzo de 2016

Entre el cruciffijo y la cruz gamada, la mujer como dijo Yoko Ono, es el negro del mundo. Su función en la sociedad patrircal moderna fue sintetizada en la consigna nazi: niños, cocina, iglesia (kinder, kuche, kirche). Y la mujer se hizo cómplice de su propia dominación. Al ir en busca de su ser, sus piernas tropiezan; adentro y afuera es un mismo discurso el que habla. El que quiere nacer y tiene que romper el huevo del mundo, desactivar el mandato. Lo cual requiere perderse y perder la fe, la identidad, el sentido. Caída y ascenso no son contrarios. Como la sangre, que es tanto símbolo de vida como de muerte. El camino de arriba es el camino de abajo. El teatro es la peste, dijo Artaud, contagia el cuerpo social sin tocarlo, revela su fondo de crueldad latente. Derrumba los signos del poder con el poder de los signos.




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