Martes, 19 de Enero de 2016

De Miguel Angel Diani, Guillermo Mele

Dos amigos, Ricky y Miguel, se preparan para una noche de fiesta con mujeres en el departamento de uno de ellos. Durante la espera los protagonistas se irán revelando comodos tipos con experiencias de vidaque, aunque ellos traten de ocultar, resultarán pobres para triunfar enla situación que en breve deberán enfrentar. Sus fantasías son típicas, pero a la vez fuera de lo común. Sus vidas: monótonas, pero delirantes. Sin tiempo está planteada como una burla al mundo masculino, una sátira mordaz al machismo. En poco más de una hora y siempre en el mismo ambiente,el público observará las soluciones que Ricky y Miguel se propondrán para superar la prueba que, curiosamente,ellos mismos se pusieron.

Dicen Alejandra Galdame y Alejandra de Dios, las directoras:Nuestra propuesta ha buscado profundizar la crítica al varón machista de la que parte el autor. Un punto de vista femenino sobre lo masculino. Un mundo en el que los mandatos sociales aún hoy en día impactan de alguna forma en el desarrollo de todo varón.

En el caso de esta obra, sus personajes Ricky y Miguel, dos típicos exponentes de una generación, se encuentran atrapados en un sinfín de convenciones y lugares comunes que les impiden crecer, ver sus propias necesidades.

Ante los nuevos roles que la mujer día a día ocupa, el varón se siente intimidado, presiente que el “manual de macho” inculcado a través de las generaciones ya no le sirve para acceder a una relación madura con el sexo opuesto. No se atreve a apelar a su sensibilidad (que confunde con sensiblería) por miedo a perder su espacio y rol tradicional para con la sociedad y para con él mismo. No le está permitido (y él tampoco se permite) descubrir su ser individual, frágil inclusive, ni hacer elecciones personales desde sus propias pulsiones.

Con la puesta en escena quisimos enfatizar este lugar de “atrincheramiento”, de “aislamiento voluntario” en el que el varón se sitúa para no cambiar. Generamos un ambiente de colores oscuros, sofocantes, con un estilo oficinesco que remite a un espacio rutinario y que, a través del desarrollo de la obra, se va transformando en un ring en el que los personajes quedan atrapados. Los elementos que los comunican con el mundo exterior (el teléfono, el espejo –que proyecta la propia imagen de los personajes hacia los demás -, y la puerta de salida) son tan frágiles que, literalmente, penden de hilos.

Nuestra intención ha sido la de despertar la conciencia de hombres y mujeres frente a estos estereotipos machistas (encarnados por Ricky y Miguel) que nos seguimos encontrando en el ámbito social. Nos hemos sentido como directoras en la responsabilidad de desenmascarar este doble discurso que nos llega a través de los medios que pretende la tolerancia de los sexos pero al mismo tiempo reafirma los roles tradicionales

Desde el papel de la mujer nos queda la responsabilidad al tolerar y en muchos casos fomentar estas conductas, pero esto ya daría pie a una segunda instancia, a un “Sin Tiempo” femenino…

Lo que acontece en Sin Tiempo es consecuencia de los patrones culturales de ellos, pero también de nosotras.”





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