Jueves, 31 de Marzo de 2016

De Martí Peraferrer I Vayreda

Imaginar una posible cita entre un animal teatral (y humano) como es Tennessee Williams y el espectador (que actuará silenciosamente como confidente de sus palabras más íntimas y sinceras) es un reto tan difícil como maravilloso. Despojar al hombre de sus vestiduras y buscar en él sus primeras y últimas motivaciones nos ayuda a continuar viviendo y a aprender de los misterios que impelen el día a día y que hacen que el tiempo vivido se convierta en una tragicomedia agridulce. Esta es nuestra quimera: transfigurar la distancia y el recuerdo en palabras cargadas de emoción y de vida, en momentos llenos de deseos y anhelos, en miradas dulces que fluctúan entre la ilusión y la decepción.

Del mito al hombre. Este es el camino necesario para poder comprender a la persona que se esconde tras el personaje que representa Tennessee Williams. Una representación llena de luces y sombras, donde la singular forma de vivir de su actor principal, el mismo Tennessee, ha dejado en sus obras una impronta inequívoca, como un guión teatral protagonizado por unas voces surgidas en la efervescencia y la plenitud de su vida, en los desfallecimientos que acompañan a la enfermedad o a la muerte, en los sugerentes y extraños estímulos que aportan los excesos, en la reflexión que se percata del fin de una partida en la que han caído todas las piezas y –tal y como se siente el mismo autor en el epílogo de su vida– en la que solo permanece erguido el rey.

Por ello, larga vida al rey Tennessee. A él y a su obra.

Francesc Cerro
Director

Clasificaciones: Teatro, Adultos




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