Lunes, 16 de Enero de 2017

De Miguel Torres

Obra estrenada en 1994 cuyo tema central es el de los desaparecidos del Palacio de Justicia, con más de 800 presentaciones hasta la fecha, seleccionada porla Revista Semanaen su encuesta de fin de siglo entre críticos, especialistas y público en general, como una de las cinco piezas más importantes del teatro colombiano del siglo XX. Se ha destacado además en festivales internacionales como el Festival de Manizales (1995), Festival Iberoamericano de Bogotá (1996), Festival Iberoamericano de Cádiz (1996), Festival Internacional de Teatro de Caracas (1997), Festival Mundial de Teatro de La Habana (1997), y otros importantes eventos y muestras de teatro en Colombia hasta el año 2006.

La obra se basa en una patética realidad de la historia reciente de Colombia: el holocausto de la toma del Palacio de Justicia, en noviembre de 1985.

El argumento no parte, sin embargo, del hecho histórico. Más bien el acontecimiento “irrumpe” dentro de una historia que se desarrolla con situaciones, personajes y conflictos dentro de una casa del barrioLa Candelariade Bogotá.

Lucía, viuda madre de dos hijos, Julieta y Humberto, se ve obligada a convertir su casa en inquilinato para poder sobrevivir. La casa termina por ser hipotecada a uno de los inquilinos, don Carlos, un usurero dueño de una prendería, quien poco a poco se va apropiando de las pertenencias de los demás, hasta el extremo de cobrarse sus deudas con los favores de una atractiva inquilina, Victoria, una manicurista sometida al yugo machista de su marido, Sergio, mesero y payaso ocasional. Esta pareja conforma el nudo pasional de la historia.

Julieta, la hija de la viuda, es una joven seria que rechaza los consejos de su madre, presionada por la situación económica, de aceptar las pretensiones amorosas del doctor Espitia, su profesor de tesis. Ella prefiere trabajar en empleos temporales para costearse su carrera de abogada. Uno de esos empleos es, precisamente, el que está desempeñando en la cafetería del Palacio de Justicia cuando sobrevienen los trágicos sucesos que producen su desaparición.

La cotidianidad inicial, matizada de humor y de ironía, se va transformando en el drama individual de cada inquilino en su relación con los otros, principalmente en el de una madre desesperada que no se resigna a la desaparición de su hija y lucha con todas sus fuerzas para recuperarla, hasta acabar devorada por el infierno de la locura.

Julieta Marín, la desaparecida, será la siempreviva, la que algún día, anclado este deseo en las esperanzas de la madre, volverá a entrar por la puerta por la que salió para irse a trabajar la mañana del 6 de noviembre de 1985.

La siempreviva es una profunda reflexión que indaga a fondo acerca de la violencia y la barbarie, la soledad y la desolación, el desquiciamiento y la locura que vivió y sufrió nuestro país. Es un teatro que nos identifica, nos emociona y nos golpea hasta lo más profundo de nuestra conciencia. Una obra que pone su dedo grande en la más reciente y honda herida por donde sangra nuestra memoria.

Teatro El Local

Clasificaciones: Teatro




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