Martes, 25 de Octubre de 2016

De Federico García Lorca

Mientras tiene lugar el funeral por la muerte del segundo marido de Bernarda, en casa de esta sus criadas se afanan porque todo esté reluciente para recibir el duelo. Al volver del mismo, Bernarda ordena a sus cinco hijas que durante ocho años no se saldrá a la calle, ni se llevará ningún color que no sea el negro. Así, todas se sumergen en una existencia mortecina, encerradas tras los gruesos muros de la casa, oyendo tan sólo a lo lejos las voces y cantos de los de fuera. La locura de María Josefa, la abuela, da un toque de irrealidad a este mundo cerrado de la casa. Angustias, la hija mayor, va a casarse con Pepe el Romano. Poncia, criada que lleva muchos años con ellas y que las conoce bien, descubre que Adela, la menor se está viendo por las noches con Pepe. Aconseja a esta que tenga paciencia y sepa esperar, pero Adela no parece estar dispuesta al sacrificio. Poncia advierte veladamente a Bernarda del peligro que puede suponer para su casa tantas hijas solteras. Bernarda, aferrada a la seguridad que tiene en su autoridad, no la escucha.
Van pasando los días igualmente monótonos hasta que una noche Martirio, que estaba también secretamente enamorada de Pepe, sabiendo que Adela está en el corral esperándolo, va a su encuentro. Discuten. Martirio llama a su madre; aparecen las otras. Bernarda coge una escopeta y dispara a Pepe. Martirio asegura que lo ha matado. Adela corre y desaparece, mientras Magdalena pregunta a Martirio por qué ha dicho que ha muerto Pepe si su madre ha fallado el tiro. Llaman a Adela pero Poncia descubre que acaba de quitarse la vida. Ante el horror de todas, Bernarda sólo insiste en que su hija ha muerto virgen e impone silencio.

Clasificaciones: Teatro




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