Viernes, 15 de Enero de 2016

De Patricia Ríos
Desde los comienzos lo ineludible fue la experiencia. Algo que nos obsesionaba con la fuerza de una idea fija y se tornaba prueba en cada función. La premisa era acotada, bien concreta, y permanecíamos atentas al accidente, a lo impensado, a lo que se dejara ver. Esta vez será la noche a cielo abierto, la casa despoblada, latiendo en un vacío que intuimos no es lo contrario a la plenitud.




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