Viernes, 15 de Enero de 2016

De Anton Chejov

Hubo un hermoso atardecer, frente a un pequeño lago, en el que la búsqueda de la razón de la existencia, se limitó a la febril imaginación de un poeta desconocido, y al volar lento de una solitaria gaviota. Pero luego, más tarde, se pintó, a sí misma, la noche, una noche ciega y oscura, en la cual la gaviota halló, en un vuelo nocturno, la proyección violenta y letal de una escopeta, y planeó víctima de la desesperación y la especulación humanas, para ir a aterrizar, sin vida, a los pies desnudos y crédulos de la inocencia.

Antón Chejov, con el filo poético que lo caracteriza, y el conocimiento indiscutible del ser humano, nos describe la insatisfacción que intentamos sobrevivir y nuestra incapacidad para sortearla...





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