Lunes, 24 de Octubre de 2016

De Pedro Orgambide, Patricia Zangaro
En este espectáculo hemos tomado como punto de partida a tres cantantes: Pepita Avellaneda, Edith Piaf y Billie Hollyday, como exponentes de un canto expresivo, dramático y musicalmente riquísimo, pero en ciertos momentos de oscuridad de sus vidas. Pepita Avellaneda, cupletista y tanguera de las décadas del ’20 y del ’30, en el guardarropas del cabaret en que se ocultó cuando dejó definitivamente su carrera, para morir olvidada del público. Piaf en la calle, cuando nada la hacía sospechar que llegaría a ser quien fue, con todos sus dolores y avatares, pero con ese tono circense del París de los artistas callejeros. Y Billie, preparándose para salir a cantar en un típico club de algún pueblo norteamericano, en un soliloquio que recorre con bronca y desafío, el camino que le había tocado en ese, su país, por ser mujer y negra. Por supuesto que el público no va a ver ni a escuchar una imitación de estas tres mujeres, sino que evocará, a través de ellas, a todas las cantantes populares, pero en el momento del silencio, de la soledad del camarín, sin los aplausos, sin la apariencia, como diría María Elena Walsh, “de ilusionistas que hacen al mundo desaparecer”.




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