Martes, 26 de Enero de 2016

De Guillermo Donato
Un actor interpreta a un solo personaje, un gaucho de la llanura pampeana, elegido por sus características históricas geográficas representativas de la Argentina y su fuerte contraste con la actualidad. Como parte de una especie en extinción, el gaucho significa lo criollo, telúrico, patriótico, de alguna manera el pasado. Lo paradójico es, que este personaje costumbrista sea el encargado de experimentar un extraño mimetismo evolutivo. A través de su conflicto individual con el entorno y sus necesidades insatisfechas se proyectan las carencias, desequilibrios y confusiones de todo un pueblo que es la Republica Argentina, pero que bien podría aludir a cualquier otro país y así un personaje con límites regionales y culturales propios de esta zona adquiere dimensiones cosmopolitas. Es causalmente otro ser el que desarrolla el devenir de los acontecimientos, la vaca, animal bucólico que cuenta con todo su tiempo disponible para la observación minuciosa de si misma, su entorno y del comportamiento de la especie humana y con ella aparece la ficción, el ingrediente onírico o alucinatorio donde la frontera con la locura coloca al gaucho en la situación límite frente a un único ser cercano. La vaca como símbolo multifacético surge de la historia misma de esta nación, la cual en épocas de gloria fue conocida como el granero del mundo; El símbolo de la vaca podría también interpretarse como una constante alusión a los cambios históricos sufridos en Argentina en relación al entorno internacional, no solo representa a un país en su potencialidad sino también a su desarrollo colectivo y estas son las dos caras de un misma moneda que gira constantemente y se ocultan la una a la otra generando confusión e incertidumbre. El hilo conductor de la historia se manifiesta a través del humor en el sucesivo transcurso de la obra, mediante la asociación libre del lenguaje y las imágenes que se desprenden.




e-planning ad