Jueves, 21 de Enero de 2016

De María Celeste Domínguez

Cuatro actrices. Tres etapas de vida. Un camino redondo.

Fragmentos de vida, trozos de memoria, un color: ámbar.

Una niña que quiere ser adulta, una mujer adulta encerrada en un presente triste e infinito, una vieja que hilvana la reiterada trama del recuerdo...

Un anhelo de volver a ser, de llegar a ser, de dejar de ser...
La necesidad vital del encuentro.... pero

"Dos ríos que corren paralelos nunca pueden llegar a juntar su cauce"

Triciclo Ámbar vive en el inconsciente colectivo femenino.
Pulsión infinita de vida interior, constante búsqueda, fragmentos de memoria rota.

Un pensamiento ámbar, atemporal y a-espacial.
será quizás omnipresente, quizás omnisciente,
quizás meramente imaginario, ¿Onírico?... tal vez.

Aquel pasado que quisiéramos cambiar.

Este presente que nos da la oportunidad de ese cambio, desde aquellas pequeñas decisiones inmersas en la realidad que gira a nuestro alrededor; este presente que nos hace dudar y no nos permite ver o vislumbrar un futuro ¿diferente?...

Aquel futuro al que atribuimos el poder sobrenatural de trocar todo aquello que no nos atrevimos a modificar por propia acción, próximos a traspasar una frontera donde sólo nos aguarda la no existencia y en ella la esperanza de otra oportunidad, de volver a vivir todo una vez más.

Continua y persistente reflexión eterna.





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