Lunes, 18 de Enero de 2016

De Fabiana Pouso

Hay una frontera difusa en la que transitamos hoy.
En el Flamenco nunca se deja de dialogar con la tradición, ahí queda fijado el centro, pero buscamos también en sus bordes, esos que no están marcados, que más bien nos parecen una estela definida.
El Flamenco es fuerte, requiere una pasión total, de tal modo que si nos descuidamos lo que hagamos se puede volver fácilmente grotesco, para que esto suceda es central el humor, también es central para nosotras tomar distancia desde nuestra modernidad que nos es inherente, lo que nos sirve para luego acercarnos, es decir, debemos pendular, ir y venir, preguntarnos a veces y a veces arrojarnos a la experiencia puramente.
Hoy en día las reglas del juego no son las de antes, el estilismo, las pautas rígidas, los cánones ya no juegan

CARACOLA es pura y simplemente un juego que todos hemos jugado: escarbar en la arena en la búsqueda de la caracola más bella, observar un espiral y tratar de adivinar el misterio que está al otro lado de la cinta, lo oculto a los ojos de un niño, el misterio.

CARACOLA es la primera espiral que conocemos, en sí misma es la evidencia encarnada del crecimiento desde sí, nos dice que transitamos por la misma trayectoria circular, pero ya nunca más por el mismo lugar y esto es bello.


En nuestro Laboratorio Flamenco hacemos rutinas, pero cada cierto trayecto cambian los significados para nosotras de lo aparentemente conocido. Esto renueva nuestro éxtasis y nos impulsa a seguir.
De esto que hemos hablado es de lo que trata CARACOLA Laboratorio Flamenco.





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