Jueves, 04 de Febrero de 2016

De Daniel Lambertini

Ningún sentido tendrá esa gesta que nos marcó para siempre (si es que algún sentido justificable se le puede dar a la absurdidad de las guerras) si hoy no nos acercamos a nuestro corazón sensible, que ardiendo como un sol, es capaz de infundirnos la fuerza necesaria y urgente para la transformación del dolor, y que todos nuestros actos, finalmente nos conduzcan al destino latente de nuestra elevada condición humana, a la verdad y la armonía posible entre los pueblos.

El dolor puede redimirnos si estamos dispuestos a aprender de él. y la sangre que cruelmente corrió, ya sin remedio más que en la sanación de nuestras almas, no haya corrido en vano. Malvinas vive en nuestro espíritu; Y esta vivencia profunda, que nos convoca a la unidad, no podrá ser apagada por ningún poder.
Empezamos a hablar de nuestra identidad, y sentimos la vibración de nuestros soldados muertos en combate, los suicidados postguerra, y a los ex combatientes vivos que siguen la lucha construyendo desde el compromiso, por la memoria de la sangre derramada y sus actuales consecuencias, brindándonos la oportunidad de reflexionarnos.
Hoy nuestros soldados nos han despertado la necesidad de nosotros mismos.

Cuando repentina y violentamente la crueldad del mundo nos arranca la bella vida, y deja mutilado nuestro espíritu, el amor que aún sobrevive podrá redimirnos en plena humanidad. ¿Y los muertos inocentes?...
Ellos resucitarán en nuestros corazones. DL.






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