Martes, 26 de Enero de 2016

Personas que se lanzan a hablar de la vida, de su propia vida, como si la vida misma fuera un espectáculo (imposible de nombrar). Dos actrices interpretando los millones de papeles que se hacen eco en su cotidianeidad con los que se baten a duelo los infinitos fragmentos del cuerpo, del corazón, del alma, de ellas, de una y de cada Mujer... No es una obra de teatro, porque la dramaturgia bordea siempre lo testimonial. No es un testimonio, porque está cargado de poesía. No es una poesía, porque cuenta con canciones. No es una comedia musical, porque los personajes nunca bailan. No se trata de personajes, sino de personas. En el marco de una obra, de un testimonio, de una poesía, de una comedia musical que se lanzan a hablar de la vida, de su propia vida, como si la vida misma fuera un espectáculo imposible de nombrar... Quizás no sea casualidad que nuestro espectáculo resulte imposible de definir: Dos actrices subidas a un pequeño escenario que, acompañadas por un piano, recorren los diferentes rincones del mundo de la mujer, interpretando los millones de papeles que se hacen eco en su cotidianeidad: la madre, la poderosa, la amante, la soñadora, la esposa, la desahuciada, la amiga, la descuidada, la caprichosa, la romántica, la sufrida, la desesperada, la histérica, la deprimida, la analizada, y por eso y pese a todo: la eternamente enamorada... Dos actrices que comparten con el público aquello que les pertenece en lo más hondo: una sensación, un latido, el vértigo de ser Ellas, de sentir que en cada palabra y en cada música que se elige, se baten a duelo los infinitos fragmentos del cuerpo, del corazón y del alma... los fragmentos de una mujer.




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