Viernes, 15 de Enero de 2016

De Veronica Medico

Sobre la autora y el espectáculo
A partir de la presentación de Amarillo intenso, libro de poesías de Verónica Médico, editado por Libros de Tierra Firme en el año 2000, y un acotado montaje escénico reducido al espacio eventual en el que se presentó el libro, germinó la idea de un espectáculo, para el que los textos poéticos, entre ellos el que remite a Ofelia, el personaje shakespeareano, promovieron el comienzo del proceso de trabajo (2001), y una particular concepción del universo femenino influyó en el delineamiento de la imagen de estos personajes turbados por su propia historia, historia que, de alguna manera, resuena con fuerza en el mismo espectador. Verónica Médico y Dalia De Marco, se constituyen, entonces, en las artífices de un proyecto, que a través de Imágenes secas, palabras heridas no sólo conjuga los textos pronunciados por las actrices en escena —resultado del particular trabajo que implica y de la riqueza que genera el proceso de ensayos— y las poesías extraídas de Amarillo intenso, motor esencial del proyecto, sino que en el marco de un espacio sumamente funcional, creado mediante una gran economía de recursos, dispara, por la vía de la palabra, el sonido y las imágenes, una multiplicidad de sentidos.

Sobre la puesta y la concepción escénica
Desde hace un tiempo no precisado, Ofelia, una Ofelia marcada por un dolor que rehuye, y que claramente remite al personaje femenino de “Hamlet”, con la que, por decisión de su creadora, parece haber coincidido en aquel destino trazado hace ya algunos siglos, es rescatada por Sirena, la misma que antaño conoció a Ulises, aunque algo venida a menos y desgarrada por el amor perdido. Estas mujeres, en cuya imagen se halla la impronta de aquellas plasmadas, por Gustav Klimt, en sus pinturas, se enfrentan a la constante provocación que las palabras pronunciadas generan en oídos de la otra, efecto en ocasiones reforzado mediante la intervención con juegos como el del gallito ciego o el del moldeado manual de una masa comestible, en el ámbito de un espacio de gran economía escénica que, armonizando con la música y el constante ruido del mar, delimitando una localización específica, las conecta con su pasado, al mismo tiempo que las confronta irremediablemente. Perdidos en el espacio, un catre, una mecedora, una mesa, un banquito y un muñeco, quizá el compañero de ruta de la joven Ofelia que, tomando prestada la técnica de manipulación del teatro de objetos, es manipulado con gran habilidad por parte de la actriz, se constituyen en testigos inevitables de la palabra que, bajo la forma de la poesía, libera imágenes de nuevos espacios, espacios imaginarios, que exceden a aquél del escenario, reconstruyendo las historias de dos mujeres aún dolientes.





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