Domingo, 23 de Octubre de 2016

De Carmen Arrieta
Un relato fragmentado nos va introduciendo a la posibilidad del crimen. Pero pareciera ser que un asesino no se construye en una hora. Es necesario recordar hasta poder reconocerse como tal. No hay víctima sin victimario. Y en todo caso, la víctima es El. Cómo, cuándo, por que reconozco lo que no recuerdo haber cometido? Cómo ha hecho lo que no recuerda? Y si ha matado: Que parte de sí ha matado? O acaso Ella le ha aniquilado su único y genuino instinto de asesino de una vez?.
El está solo con su cabeza y el proceso de reconocimiento le irá señalando el camino hacia el espejo.
Una reconstrucción de los hechos, pero a la manera de la víctima. Porque ella no está muerta hasta que El lo recuerde. Recuerde esa noche, en que la llevó a su sitio.
La reiteración del relato, la redundancia de datos. La forma es el contenido, la forma es la sangre de ella. Víctima y victimario. Nunca sabremos quien ha matado a quien. Porque en tanto el recuerde, ella irá despedazándose en cuerpo de atrofias que exigen. Y ella habla. Recuerda no haber salido de allí. Ella recuerda no haber vuelto jamás a ningún sitio. Y El fue el último que la ha visto. Ella exige; construye sus heridas. Porque para no ser, ella necesita de su asesino.
Chorreando a flor de labio; Ella y El irán entretejiendo un crimen, que tal vez, haya sido.
Clasificaciones: Teatro




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