Lunes, 15 de Febrero de 2016

De Trinidad Díaz

El veneno de Laura surge de un proyecto anterior, del que conserva, tan sólo el título, y en esencia, la temática. Hemos investigado con el Butoh, con la Danza expresionista, el teatro gestual, buscando esa conexión entre la música, la palabra, la imagen y el movimiento, que maltratado por los siglos de la razón, volvió con fuerza en el siglo XX de la mano de Appia, Craig, Grotowski, Barba, Brook. y tantos otros. No hemos inventado nada, hemos experimentado e investigado con nuestros cuerpos, con nuestra energía común. Cuando pensábamos que habíamos hecho algo interesante, la casualidad nos mostraba que alguien antes que nosotros ya lo había hecho. Es natural y hermoso. Creemos que el teatro no debe luchar por ser original, se da un espacio y tiempo común, en el que surgen necesidades y expresiones semejantes. Esto sí que es mágico. Que artistas distanciados, que no se conocen, encuentren de momento un mismo movimiento, una misma identidad artística, nos hace pensar en que somos partícipes, y acaso sólo canales, de un mismo acto de creación, nos hace sentir que hemos dado con un sentimiento colectivo que está golpeando en este momento a nuestro mundo: la soledad, la inseguridad, el vacío, la indiferencia. Y que todas esas emociones, aquí, en Alemania, en EE.UU, en Japón, en Rusia. se transformen en una misma imagen o movimiento.. Esto es mucho mejor que ser diferentes o innovadores, esto significa que hemos conectado con el dolor de nuestro tiempo. Y esa es sólo nuestra misión como artistas.

El veneno de Laura es una obra que trata de la violencia, del maltrato que nos causamos nosotr@s mismos, del daño que dejamos que nos causen l@s otr@s. Es la historia de un dolor antiguo, de un dolor con el que la gran mayoría de las personas convivimos. No queremos convertir nuestro trabajo en un alegato contra la violencia de género, porque lamentablemente, estas palabras, ya están cargadas de institucionalización, de cifras sin soluciones, de falsas políticas. Hemos elegido esta temática, porque convivimos con ella. Y es deber del artista mostrar las crímenes del mundo en el que vive, ponerse del lado de las víctimas, de l@s que sufren, de l@s que esperan ser liberad@s.

Creemos en aquel mensaje que nos dejó el genio de Lorca: El artista debía hundir sus rodillas en el fango junto a su pueblo y vivir sus calamidades, construir con éste la felicidad y libertad.





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