Viernes, 04 de Noviembre de 2016

De Fernando Peña, Sabastián Wainraich

El mundo está representado en un circo de criaturas aberrantes. Allí vive Mugre, un monstruo encontrado en el amazonas.

Mugre cuenta con un atractivo: es poseído por distintos espíritus. Es como un atrapador de espíritus; cualquier ser muerto que hace presencia terrenal lo hace a través de la persona más sensible que se encuentre en ese momento en el lugar sobrevolado. Y Mugre es siempre receptor.

Los espíritus que lo visitan somos todos nosotros, los limpios, los sucios, los honestos, los mentirosos, los malos, los buenos, los enfermos, los otros....todos.

El ser humano es traidor por naturaleza. Su propia ley de gravedad y la necesidad impuesta por sobrevivir lo lleva siempre a elegirse por sobre los demás; así no tiene otro camino que el de su propia traición, el de estar condenado a ser... Mugre.

Por ser seres bajos, cobardes y temerosos, vivimos tibiamente, especulando sobre absolutamente todo.

La civilización, las leyes, lo que esperan de nosotros, nos ha llevado a olvidar nuestro verdadero antojo, el capricho, las ganas de ser eso que sabemos que somos pero no podemos desarrollar. Porque nos condenaría nuestra propia especie y tal vez hasta nosotros mismos. Pienso que eso nos lleva a vivir de una manera casi estéril sin temperamento, carácter y con poca esencia. Seguramente mucha menos de la que se necesita para llegar completos y satisfechos a nuestro último evento: la Muerte.

Clasificaciones: Teatro




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