Domingo, 17 de Enero de 2016

"La idea de veintiún autores, unidos al mismo número de directores, gran cantidad de actores, escenógrafos, músicos, técnicos que pondrían en escena veintiún espectáculos sin percibir remuneración alguna ‘para atraer al público y demostrar así la vitalidad del teatro argentino...', se concretó el 28 de julio en el Teatro del Picadero. La madrugada del 5 al 6 de agosto se produjo el incendio del teatro y a partir de allí, la causa de Teatro Abierto se convirtió, prácticamente, en la de todo el campo intelectual. Se multiplicaron las adhesiones y los ofrecimientos de salas. Días después las funciones se reanudaban en el Tabarís y el éxito de público se multiplicaba.
Casi todos los textos que integraban la muestra entraban en polémica abierta u oculta con el hacer y el discurso autoritario. En una de las más tremendas crisis del país, el discurso teatral de Teatro Abierto (...) se convertía en el instrumento más eficaz para enfrentar el Proceso desde la cultura.
Esto es consecuencia de que los integrantes de Teatro Abierto -en su mayoría miembros del sistema teatral que emergiera en los sesenta- por formación, pertenecían intelectual y sentimentalmente al Teatro Independiente, movimiento que al terminar la década había comenzado a desgranarse y ya en los setenta era un buen recuerdo. Entendían el arte como compromiso, cuestionaban su autonomía con relación a la realidad social y política; pensaban el teatro como una forma de conocimiento. Para ellos, la escena era un hecho didáctico, enderezado a promover el progreso del hombre; detestaban ‘la diversión', privilegiando la comunicación por sobre la expresión."
Osvaldo Pellettieri "El sonido y la furia: Panorama del teatro de los '80 en la Argentina"
en Teatro Argentino Contemporáneo (1980-1990)





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