Lunes, 17 de Octubre de 2016

“Somos una zarza en el erial. Nuestra indigna maleza agota toda noble vegetación. Pero una zarza fue también el símbolo elegido por Dios para darse a conocer... Envuelta en llamas la copa y minado de brasas el tronco, la zarza ardiente de la leyenda bíblica, seguía floreciendo en flores de armiño y en frutos rojos de sangre...” Lo dice un personaje y resume de algún modo la esencia de esta pieza en la que una madre se suicida y desencadena el drama que pone en escena un amor casi incestuoso.




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