Viernes, 15 de Enero de 2016

"En 2001, luego del estreno de Las 8 estaciones en Amberes por el Ballet Real de Bélgica, Carlos Gallardo, escenógrafo y vestuarista de la obra, y mi compañero de vida, encontró en una casa de música un CD del oratorio Flamma Flamma, y lo compró para que lo escuchásemos juntos. Al principio sentí que Flamma Flamma deambulaba por diferentes estilos, a veces cercanos a Orff y su Carmina Burana; otras veces la obra se convertía, audazmente, en una música contemporánea con sonidos increíbles, graves, tonales y atonales, y donde también lo popular se mezclaba con la música clásica occidental. El rock no estaba ausente en esta diversidad de estilos como tampoco la música étnica, y otras con fuerte influencia oriental. En fin, Flamma Flamma, de 75 minutos de duración, era de alguna manera muy ecléctica, y justamente por eso me pareció muy interesante para crear una nueva obra integral. Además de ser transgresor en géneros, el oratorio contaba con un texto cantado en latín, por seis voces maravillosas, y poseía fantásticos coros al estilo de las voces búlgaras, con ritmos cambiantes, y percusiones en numerosos pasajes. Todo esto daba cuenta en mí de la gran envergadura de esta obra musical, y realmente agradecí a Carlos haberla hallado.

Flamma Flamma estuvo esperando en mi casa -y en mi cabeza-, por mas de una década, hasta que este proyecto que tantas veces estuvimos a punto de hacer se hizo realidad. Carlos Gallardo amaba esta música y solía trabajar en su taller de artista plástico escuchándola como compañía en sus horas de creación. En muchas ocasiones hablamos de cómo iríamos a concretar este trabajo, tanto que hasta comenzó a bocetar algunos trajes, que quedaron perdidos cuando él falleció en 2008. Flamma Flamma seguiría esperando su momento…

Evidentemente 2012 era el año de dar vida a Flamma Flamma, y por fortuna, hablando con la escenógrafa y vestuarista Graciela Galán, con quien desde hacía tiempo estábamos pergeñando un proyecto en conjunto, le comenté de mi interés en hacer esta obra con el Ballet Contemporáneo del San Martín. Le encantó la idea y de inmediato nos pusimos a trabajar en el tema.

Escribió el crítico Fred Flaxman en 1997: “Flamma Flamma audazmente sintetiza el concepto occidental espiritual de una misa de réquiem por los difuntos, con ritos y ceremonias de la muerte de las culturas no occidentales. Su elemento unificador es la idea del Fuego -el Fuego como herramienta de vida, como una metáfora de la pasión, como el agente más poderoso de transformación en la naturaleza, como una manera de deshacerse de los difuntos.

La mística del fuego capturó la imaginación de Nicholas Lens, quien llegó a su conclusión filosófica acerca de la vida y la muerte escribiendo: ‘Para mí lo único que hace soportable la vida es el conocimiento de que llegará a su fin, porque aceptar esto es la única manera de disfrutarla libremente y sin condiciones’.”

Mas allá de estos comentarios de Lens y Flaxman, y de los textos en latín escritos por Herman Pontocarero para Flamma Flamma, lo más importante es que la obra musical me interesó muchísimo desde el primer momento como un todo, y llegó a mi mente y tocó de manera muy fuerte mis sentimientos y emociones, como para decidir crear una versión coreográfica que hoy es un hecho.

Flamma Flamma puede parecer una obra abstracta, porque no cuenta una historia, pero no siento que sea así: hay un hilo conductor que me ha llevado a unir a cada personaje con cada situación, y ese es el Fuego, el que cada uno tiene como Fuego creador, que no está personificado en ningún bailarín, pero está presente en casi todas las escenas y en cada uno de los personajes que las danzan. Es ese fuego purificador que Borges dibujó magistralmente en “Las ruinas circulares”, y que nos tiene unidos a todos en un mismo devenir."

Mauricio Wainrot

Duración: 75 minutos




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