Sábado, 16 de Enero de 2016

Infantil a partir de 3 años.
Compañía Teatro Galo Real

El escenario está vacío, los focos apagados. Sólo los fluorescentes de trabajo iluminan la sala. De repente dos pintores entran con su escalera, sus cubos y sus brochas. Se disponen a pintar el teatro. Pero descubren que el patio de butacas está repleto de gente. Evidentemente intentan echarlos porque tienen que hacer su trabajo. Inmediatamente entra la encargada del teatro, muy nerviosa. La compañía que iba a representar la obra de Shakespeare no ha llegado, ni siquiera sabe donde están. Los pintores no quieren saber nada del asunto, ellos lo que quieren es pintar e irse a su casa a ver el fútbol. Pero la encargada logra convencerles para que hagan de actores y representen la función que ha venido a ver el público.

Es entonces cuando llegan los problemas. ¿Cómo se cuenta un cuento?

No se lo pensarán dos veces y pedirán a los asistentes que le echen una mano para narrar la historia de Campanilla de las nieves.

Rosalina es la bella hija de un Duque que ha sido depuesto por su malvado hermano. El tiránico nuevo Duque receloso del cariño que el pueblo tiene a Rosalina y evitando un posible romance entre ella y su hijo Orlando, un poco bobalicón, ordena el asesinato de la joven.

Rosalina consigue escapar de la corte y esconderse en el bosque de Arden donde conocerá a una alocada banda de ladronzuelos, conocidos como "Los alegres hombres felices", que la acogerán como una más de la banda.

Orlando, perdidamente enamorado de Rosalina llenará el bosque de poemas intentando encontrarla. Rosalina disfrazada de ladrón jugará a despistar a Orlando hasta que le revela su identidad y se declararan su amor.

Sospechando que Rosalina está viva el malvado Duque, disfrazado de anciana, la busca en el bosque de Arden. Al hallarla regalará una manzana envenenada a Rosalina y esta caerá en un profundo sueño.

Orlando con ayuda de "Los alegres hombres felices", conseguirán despertar a Rosalina y vencer al malvado Duque. Y como suele decirse fueron felices y comieron perdices.

Los pintores una vez que terminan de representar su historia reciben el aplauso de los espectadores. Y esta vez son ellos los que piden el favor de que les echen una mano para pintar y así poder terminar antes. La encargada del teatro, muy educadamente, les dice que no tengan morro, que ella se queda a ayudarles pero que los espectadores no pueden porque tienen cosas más importantes que hacer. Así que agradecen al público el buen rato que han pasado y les piden que por favor vayan saliendo del teatro para poder hacer su trabajo. Pintar.





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