Domingo, 16 de Octubre de 2016

De roxana aramburú

El molino ya no está, pero el viento sopla todavía

Alle Donne se ubica en los intersticios de una lucha que puede ser cualquier lucha, una guerra que como todas las guerras, deja detrás una estela de silencio que es tanto o más terrible que la propia guerra. La imposibilidad de narrar la experiencia, de contarnos nuestra propia historia, que Walter Benjamín describió como una de las más grandes catástrofes del siglo XX, es una de las principales estrategias del poder, que se abalanza sobre los individuos ya no sólo para destruirlos en el espectáculo de la violencia sino también para condicionarnos en el espacio más privado y más íntimo, el de la casa y el del cuerpo. Pero como también describió Walter Benjamín, ese fracaso mismo de la experiencia, ese triunfo del poder sobre los cuerpos, es a la vez, la posibilidad que a cada uno se le ha dado de reinventarse a si mismo, de elegir, entre muchas historias la que habrá de tomar como propia.

En el espacio de una casa, durante los hechos de la llamada Semana Trágica, durante las vísperas de un año viejo y otro nuevo, donde habitan tres mujeres solas se desarrolla este relato de lo que está por detrás de toda lucha. Un relato que como hemos dicho podría suceder en 1918 o en 1955 o en 1976 o en cualquier época y lugar donde se fuerza a los individuos a decidir cuál es y será su lugar frente a la historia.


La Comedia de la Provincia de Buenos Aires, convocó a grupos independientes de la provincia a que presenten proyectos para su realización. Es así como La Compañía Nacional de Fósforos (Villa Bosch) y Las Chicas de Blanco (Ramos Mejía) resultan seleccionadas para dirigir y representar esta obra.

Clasificaciones: Teatro




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