Sábado, 05 de Noviembre de 2016

Hay un actor viejo que cree que el último tiempo de su vida podría estar encerrado en la trayectoria del conteo entre "1" y "36". Entonces él nunca diría "37" porque los muertos no hablan. Porque los cadáveres no saben contar. En esa última trayectoria mira fotos familiares, toma pastillas. Actúa poco porque le toca actuar el tumor. También hay un Hamlet arrepentido que cuando abandona la tragedia le permite a Polonio morir en una clínica de muerte natural. Polonio mira girar el émbolo de la maquina que lo mantiene vivo y no tiene mejor idea que empezar a contar. Empieza en "1" y no pasa de "36". En "36" los actores no son actores, ni son personajes. A veces hacen de sí mismos y otras simplemente están sobre el escenario. Forman imágenes. Posan para el público. El sistema que los contiene tiene la forma de una colisión entre la no actuación y el artificio teatral (voz en off, luz, telón, proscenio, música, etc.). El resultado de ese encuentro produce un cuerpo fisurado, como la superficie de un disco rayado. En "36" la púa salta y se sale del surco buscando una zona fuera de la partitura.




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