Jueves, 27 de Octubre de 2016

De Daniel Zaballa

Una versión sobre "El Cocodrilo"

Un viajante, vendedor de medias para mujer "Ilusión", en los ratos libres intenta vender sus conciertos. Un día descubre fortuitamente que, cubriendo su cara con las manos, logra llorar y conmover a sus eventuales espectadores. Esto se convierte en una infalible técnica de venta hasta que el llanto lo sorprende en el medio de un concierto. Estos recuerdos evocados en un viaje en tren toman una dimensión inusitada y nos acercan al misterio de la ensoñación a través de un lenguaje poético novedoso. La gracia del relato está en el viaje, en ese recorrido que inicia la nostalgia y mantiene viva la imaginación.

"Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que un rincón de mí nacerá una planta. Lo empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasará del todo. Sin embargo, debo esperar a un tiempo ignorado, no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento; sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesías; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. No conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia no las alcance. No sabrá el grado y la manera en que la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada", Felisberto Hernández

Clasificaciones: Teatro




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