Viernes, 21 de Octubre de 2016

De Franz Kafka

Alguien tenía que haber calumniado a Josef K , pues fue detenido una mañana sin haber
hecho nada malo
––¿Por qué no ha entrado la señora Grubach? ––preguntó K.
––No puede ––dijo el vigilante más alto––. Usted está detenido.

Cada día que pasa el mundo se adecua más a la mirada de Kafka. Cuando se aclara
el foco sobre nuestras absurdas construcciones es cuando las brutales descripciones
del genio literario son magníficas crónicas de la vida cotidiana.

En 1977 cuando se estrenó la versión original de esta obra, la lectura estaba condicionada por el contexto político. Asumir esa lectura y llevarla al escenario fue tal vez uno de los actos de mayor coraje visto en un escenario porteño. Sin embargo hoy, donde miremos, nos topamos con lo Kafkiano. El mundo que él nos describe está en todas partes, también en el ámbito de la justicia. ¿La maquinaria judicial, burocrática, lenta, corrupta, hipócrita, puede identificarse con La Justicia? Quizá ésta esté perdida en los escritorios y archivos laberínticos de esa maquinaria construida para administrarla.
La pretensión de razonabilidad de la ley, es decir, del derecho como producto de la razón universal es la que nos vela la diferencia entre la justicia y la administración judicial.
Kafka nos induce a pensar en esa diferencia y a no subordinarnos mansamente a una falsa identificación.

Clasificaciones: Teatro




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