Miércoles, 12 de Octubre de 2016

De Horacio Nin Uría

El agua que avanza sin prisa y sin pausa como el tiempo.
Que todo lo arrasa hasta que nada queda, ni siquiera los recuerdos.
Y una grieta que siempre se vuelve a abrir, por donde se filtra algo más que agua.

La ciudad está completamente inundada.

Dos amigos se refugían en una terraza en Villa Crespo.

¿Qué pasó con el resto de la gente? No lo recuerdan.

¿Qué pasó con ella? Puede que no haya sido más que un sueño

Y como en lo sueños pasado y presente coexisten, se entrelazan, se confunden.

Jamás sabrán hasta donde la memoria inventa o exagera lo que desconoce.

El agua de lluvia en cambio es real, se siente en la cara.

¿Cuánto tiempo habrá estado lloviendo sin cesar?

Quizás la terraza ya no sea ese lugar seguro.





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