Viernes, 21 de Octubre de 2016

De Gabriel Pintilei

Tras una larga y prestigiosa carrera cinematográfica que incluye protagónicos en películas como "Garage Olimpo", "El Viento", "El Vestido" o "Felicitas", la actriz Antonella Costa debuta como directora de teatro con "Montacargas". La obra, escrita por el rumano Gabriel Pintilei, cuenta con actuaciones de Tamara Papadópulo y Juan Gabriel Miño y se presenta todos los sábados en el IMPA, la fábrica recuperada de Almagro que se convirtió en Ciudad Cultural. La elección no es casual, ya que "Montacargas" cuenta la historia de dos adolescentes que quedan encerrados en el ascensor de una industria abandonada y se enfrentan a una situación límite.

Síntesis Argumental

Él y Ella se quedaron encerrados en el ascensor de una fábrica abandonada.
Son adolescentes y buscaban un lugar solitario donde pasar los primeros momentos de intimidad entre ellos. Tal vez los primeros de sus vidas. Por accidente se ven obligados a eso que habían elegido: estar aislados, juntos y solos.
El tiempo pasa. Los recursos se van agotando y las necesidades se hacen cada vez más intensas. Los detalles de las personalidades afloran, mejoran o atentan contra esos largos instantes compartidos.
El problema se agrava y la compañía mutua se convierte en el único alivio.
Todo se va terminando y sólo queda el aprendizaje, desaforado, urgente, inevitable.
Cuando todo termine, ellos habrán crecido lo suficiente para atreverse a relatar sus pequeñas experiencias, sin nadie que los juzgue, se burle, o los castigue.

La directora en primera persona

Hace tiempo me inquietó observar cómo el mercado encuentra en los adolescentes el blanco ideal para gran parte de sus productos, y empuja a toda una generación a aferrarse a necesidades absurdas y preocupaciones frívolas. Ellos (los adolescentes) que de algún modo TODO LO TIENEN: el vigor, la curiosidad, el desparpajo y la vida por delante, se están convirtiendo en muchos casos en seres quietos, excesivamente preocupados por la mirada ajena, y deseosos de logros materiales y efímeros.
A la vez, y más que nada en los programas de TV dedicados a este grupo, se plantean conflictos adultos, lejanos a los complejos, interesantísimos y necesarios conflictos propios de la adolescencia.
MONTACARGAS pone a dos adolescentes en un problema grave, real, universal y objetivo. Un problema que ellos no enfrentan como les gustaría o como les hicieron creer que se debe hacer, sino, sencillamente, como pueden..
Un problema que los devuelve al punto cero de su naturaleza, los enfrenta con ellos mismos y mutuamente, y donde está en juego la vida.
En esa situación, deberán evaluar, tal vez con toda inocencia, qué les sirve y qué no de todo lo que han aprendido y acumulado, recolectado a lo largo de sus vidas.
¿Habrán aprendido y/o adquirido lo suficiente? ¿Les servirá algo de esto para sobrevivir?

Al ser mi primera experiencia como directora, viví este proceso como un taller.
Me he desempeñado como actriz desde los 11 años, pero tampoco en ese campo recibí una educación formal.
De manera que comencé a dar forma a este proyecto con la idea de crecer junto a él, sin presiones.
Me sentí seducida por una pieza a la que sospechaba más compleja de lo que aparentaba ser.
Mi referencia había sido la película basada en esta obra ("Elevator", de George Dorobantu, Rumania 2007), que, a pesar de sus bajos costos, contaba con cientos de recursos cinematográficos para representar esta anécdota, recursos a los que yo debía necesariamente renunciar.
Me atrajo la idea de "encerrarme" con 2 actores jóvenes y tratar de entender de a 3 cuál es la naturaleza de estos personajes, quiénes son, y qué les pasa.
Al no contar con los "trucos" del cine, los actores se encontrarían completamente expuestos y literalmente encerrados, y, para liberarse, deberían conocer a la perfección sus personajes, darles vida en escena.
Se trata de un texto sin didascalias, pero repleto de pistas. Un texto aparentemente simple y hasta banal, donde en realidad se esconden los miedos, la desinformación, la profunda soledad, los códigos, las inagotables aunque casi invisibles herramientas, y el camino de aprendizaje de Ella y Él..
Montacargas aparenta ser un drama, pero lo encaramos como una metáfora, un viaje iniciático, un recorrido hacia algunos conceptos ligados al crecimiento, a la madurez, como la consciencia del otro, el respeto por el esfuerzo ajeno, la economía de recursos, la solidaridad, el placer sexual.
Nos rebelamos contra un espacio hostil y extremadamente reducido, y también llegamos a observar las señales de acostumbramiento a ese mismo espacio con el paso del tiempo.
El deseo de salir es protagonista, y le ofrece identidad a la obra. El esfuerzo físico y del ingenio que practican los personajes, se vuelve contagioso, y entonces, agitados, transpirados y sedientos, entendemos qué les pasa.
Movidos por el deseo sexual, los personajes han caído en una trampa. Pero no existe moraleja sino la metáfora.
Cualquier adolescente puede sentirse solo y desinformado. Abandonado. Impotente. Frágil. Heroico. Aprendiz, a veces agónico, pero aprendiz al fin.

Clasificaciones: Teatro




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