Jueves, 09 de Octubre de 2014

De Jorge Huertas
Andar sin pensamiento, titulo que nació del tango de los hermanos Expósito Naranjo en Flor, transcurre en el mismísimo cementerio de la Chacarita. Atilio y Johnny, dos veteranos e irredentos mujeriegos, han llegado al colmo. La soledad de las viudas, llenas de dolor, deseo y nostalgia, los atrajo a jugar su seducción en ese lugar. Allí ejercen su capacidad de engaño, su labia y sus ensueños eróticos. Ambos esperan, cercanos a una tumba, a que una mujer venga a dejar sus flores. Las armas de guerra que adoptan uno y otro no son las mismas: mientras Johnny basa sus expectativas en lo que él define como el sexo crudo, Atilio ha hecho de la poesía su principal espada. Después de una pequeña disputa acerca de quién será el agraciado, finalmente Atilio se queda para concretar la conquista. Con un libro de poemas en la mano intenta un acercamiento a la dama y lo logra. Aunque la aventura parece tomar un buen camino, nada será como Atilio y Johnny lo esperan. Un mundo extraño y sorprendente se abrirá ante los dos. La obra busca desplegar con mucho humor, en tan extraño escenario, el misterio de ese chispazo de luz que llamamos vida. Despliega también el consuelo de la poesía, la mágica palabra que crea o descubre el mundo. En medio de risas y sorpresas giran por las cruces del amor, el sexo, el erotismo. Entre los versos de tango, entre los pliegues del alma porteña, bajo la luna de esta hermosa y dolida ciudad, Andar sin pensamiento busca ser una metáfora de, al menos, una parte de nuestra alma colectiva.




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