Jueves, 10 de Noviembre de 2016

De Pablo Albarello
Cuatro historias, cuatro escenas de la ciudad a modo de sketch de dos personajes, unidas por un soporte que vuelve delirante las situaciones cotidianas. Un jardín de infantes, los baños de un aeropuerto internacional, un Banco tomado por una banda de asaltantes y la tranquilidad contemplativa de una plaza, son las situaciones ordinarias en las que la incomunicación y el absurdo de las relaciones de poder patentizan el mundo extraviado que nos viene tocando en suerte. Parodia y absurdo, caricatura y melodrama movilizan a testigos, víctimas y victimarios, todos ellos gozosos de buena salud, a completar una vuelta olímpica, el arco completo del trastorno moderno. Acto primero: Las desavenencias de un matrimonio de estatuas vivientes en el bucólico marco de una plaza visitada por turistas holandeses, pareja en crisis terminal, reproches, un marido con hondos problemas vocacionales y la confesión final del abandono. Acto segundo: El asalto a un banco con toma de rehenes, el ámbito apropiado para el reencuentro de dos amigos de la infancia. Uno el secuestrador, otro el secuestrado. Entre ejecución de rehenes, negociaciones con el grupo GEO, cocaína y disparatadas conferencias de prensa, la admiración de la víctima se trasmuta en decisión de dar un vuelco a su vida: el también triunfará como delincuente, se unirá a la banda para darle un vuelco de 360º a su vida. Acto tercero: Padre desorientado llega a jardín de infantes de renombre reclamando la devolución de su hijo, ante el extravío, directora esquizofrénica pasará del maltrato y la seducción al ofrecimiento de una salida digna, un “infante de recambio”, mecanismo avalado por los máximos estamentos de la enseñanza preescolar, hasta que se repare la pérdida. Acto cuarto: El cruce de dos altos ejecutivos en los baños de un aeropuerto. Entre mutuas desconfianzas, la confesión de un hobbie en común reservado a unos pocos elegidos: “los juegos de mingitorio”, o los efectos del chorro de orina emitido a distancia sobre las bolitas de naftalina. Entre figura y figura, ilustrada con esclarecedores cuadros explicativos, dos seres vulnerables desnudan las oquedades recónditas de sus almas. Finalmente, dos entrometidos: entre escena y escena, la relación desopilante entre un presentador megalómano y afeminado, cuyo cuerpo inexplicablemente muta de salida en salida y un músico alcohólico, cuya única preocupación en este mundo es que a las diez se tiene que ir al bautismo de su sobrina.




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