Miércoles, 20 de Enero de 2016

De David Paez

Miércoles 27 de marzo de 1957, una mañana tranquila es, de repente, interrumpida por un misterioso asesinato dentro de una oficina céntrica.

Bevilaqua, un detective venido a menos, expulsado de las fuerzas policiales de una manera cuasi humillante, recibe una llamada anónima que le anuncia la muerte del señor Smith.

A partir de ese momento, junto con su ayudante, la señorita Amuchástegui, quien lejos de esclarecer la verdad del trágico suceso, entorpece el caso sembrando aún más dudas; intentarán resolver este intrincado caso.

Una sola cosa se sabe a ciencia cierta: El Señor Smith fue apuñalado por uno de sus empleados. Todos son sospechosos, pues todos tenían, en verdad, diferentes motivos para matarlo.

Bevilaqua y su ayudante comienzan los interrogatorios, y, al hacerlo, se dan cuenta de que la incompetencia de los empleados y sus propias limitaciones, los llevarán a una confusión aún más grande que la imaginada.

"Desde pequeño siempre me gustaron las historias de detectives, como Dick Tracy, donde a través del suspenso y el humor se intenta resolver un caso. El teatro, además, es para mí un juego, un juego contado con verdad, donde el actor debe dejar aflorar aquel niño que lleva adentro y encontrarse inmerso en aquel mundo tan lleno de fantasía, como de imaginación, de sensaciones diversas, de creación. Este vínculo tan particular que, desde hace años, tengo con el quehacer teatral, me impulsó a llevar a escena justamente aquello que me gustaba en mi infancia, cuando todo era un juego interminable. A veces, al volvernos adultos, perdemos esa capacidad tan bella de sorprendernos: esto es, desde mí, una de las cuestiones más lindas del teatro; cada escena es una novedad única e irrepetible, por eso el teatro está siempre vivo, y el "niño actor" se anima a "jugar", ya que cada instante se vuelve mágico. Son todos estos motivos los que me llevaron a escribir esta obra; para completar el círculo del juego. Justamente, uno de los espacios más lúdicos que tuve cuando fui un niño", comenta David Paez





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