Lunes, 24 de Octubre de 2016

De Luis Quinteros

Tres realidades anónimas, tal vez tomadas al azar en la esquina de 27 de Abril y Belgrano, naufragan entre elementos reales y ficcionales.

Tres transeúntes cortan las líneas de la senda peatonal dejando sus marcas sobre otras marcas. Antes de llegar a la vereda opuesta sus caminos se cruzan y las líneas quedan unidas para siempre.

Sintesis argumental:

El personaje masculino, que podría llamarse por ejemplo Santiago, filma con su cámara a los transeúntes de la ciudad de Córdoba, después edita películas con este material. Él inventa historias, reescribe con el material que su cámara capta. Sus ojos están tan habituados a la lente que logran percibir una situación interesante haciendo un paneo general en el movimiento sofocante de la ciudad. Cuando sucede esto su mirada se detiene y hace zoom sobre esa situación, todo lo demás queda de fondo, desenfocado, como un movimiento que está pero que no molesta. Él tiene un videoclub en un local pequeño, en una galería, también hace filmaciones sociales por encargo. Debía llegar a las 16 hs a una comunión, estaba cerca pero llegaba tarde. En la esquina de 27 de Abril y Belgrano mientras esperaba ansioso que el semáforo corte para cruzar, sus ojos enfocaron a una mujer que también lo miró. Para ambos el tiempo se detuvo, la ciudad quedó como una película en pausa, cruzaron la calle sin dejar de mirarse, sus cuerpos se rozaron pero ninguno se atrevía a romper la magia. Hubo una extraña familiaridad en ellos. Al llegar a la vereda opuesta él giró para buscar a la mujer pero no estaba, la buscó entre los seres anónimos que se mezclaban en la esquina angosta pero no pudo verla más. Por un momento dudó de la existencia de ella, pensó que tal vez se trataba de una historia que se estaba armando en su cabeza. Desde entonces sale con la cámara preparada por si encuentra a la mujer. Él repite la misma secuencia, la misma toma pero ella no aparece.

La mujer corre por la vereda de 27 de Abril, esta señora otoñal, que por su estilo o por un prejuicio generacional podría llamarse Nora, Cristina, Susana o Graciela, lleva una cartera en la mano izquierda y una jaula en la mano derecha. Ella escapa de la gente que la ve desesperada y de la mirada de las palomas que la acechan, siente mucha vergüenza de que se note su vulnerabilidad. Unos segundos antes cruzó la calle, se miró con un muchacho y por un instante sintió paz, su desesperación se calmó, la ciudad se detuvo y las palomas quedaron congeladas en pleno vuelo, ella atravesó la senda peatonal sin dejar de mirar a ese chico lindo. Esos ojos anónimos le dieron fuerza y olvidó su fobia por un instante. Atravesó la calle con un trofeo verde dentro de la jaula que colgaba en su mano derecha.

Al llegar a la vereda la película volvió al frenesí habitual, los motores rugieron, las palomas aletearon, el loro gritó dentro de la jaula, las bocina sonaron y ella corrió para esconderse porque sentía desintegrarse otra vez. Desde ese día ella no solo se esconde de las palomas sino también de esa mirada que por un instante pudo sacarla de su tormento. Ella tiene pánico de dejar de sufrir, ¿Qué pasaría si su fobia desaparece?

La joven de edad intermedia, ubicada en el grupo de las Cecilias, Carinas, Vivianas o Claudias, está cansada de su trabajo, los clientes la maltrataron tanto en los últimos años que ya no siente. No se conmueve por nada, su corazón está duro como una piedra. Ella alquila películas de todo tipo en un local escondido en una galería, busca alguna escena que la conmueva pero cada día se hace más difícil. Todo se anticipa, todas las películas se develan antes. Ella podría ir a cualquier video club del centro, pero odia los lugares donde los empleados se esfuerzan por satisfacer al cliente, ella conoce de eso. En cambio en este pequeño local hay un muchacho que parece estar en otra sintonía, él observa y sonríe todo el tiempo de manera natural. Sin darse cuenta esta situación la conmueve, el corazón se le ablanda pero no puede verlo. En este momento, en las horas intermedias del horario cortado, mientras elige películas de un catalogo se siente viva. Esto la atemoriza y escapa. El muchacho la sigue porque no la entiende. La joven madura, corre por la galería y atropella a otra mujer que está perdida por los pasillos.

Ahora son dos mujeres que él debe buscar por el centro de la ciudad, dos mujeres que lo necesitan según él.

Ellas escapan del mismo hombre sin saberlo, a las dos les genera algo parecido. Un hombre con el corazón abierto las saca de sus dramas personales pero ellas no quieren, o si.

Esta obra cuenta con el apoyo del Instituto Nacional Del Teatro.

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Clasificaciones: Teatro




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