Martes, 19 de Enero de 2016

De Daniel Perez Guerrero

El género del terror ha cautivado siempre, desde la oscuridad de una noche cerrada, de una puerta desvencijada que se abre lentamente y un gato negro que escapa maullando inquieto. El miedo se apodera de todos nosotros, se nos hiela la sangre y los pelos se paran de puntas, los niños se tapan hasta sus cabezas y los grandes hacemos esfuerzos para encender una luz, para que las espesas nubes dejen ver una luna clara. Todo esto dejara de ser terrorífico para transformarse en picardía, osadía y desenfreno ante el placer y la ironía con que el Frankenstein correntino, busca nuevamente a su padre para abrazarle, que una esclava liberta seccione el miembro viril de su benefactor, que un hombre que cuida a los muertos no sea abrazado por una camisola de fuerza y que un Drácula, para nada pariente cercano de la Condesa de Bathory, salga del armario y nos brinden gozo, amenidad y un estilo cuasi procaz que no pierde calidad literaria en esta nueva visión del espectáculo del terror. Sí, le aseguramos que, usted, no volverá a ser el mismo ni permanecerá indiferente.





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