Miércoles, 19 de Octubre de 2016

De Magui Mendez
Es la huella, la marca personal. El centro del microcosmos humano, no solamente el centro de la manifestación física: es también el centro espiritual. El centro del universo creado: simboliza la vía de comunicación entre los tres niveles de existencia o los tres mundos: el del hombre, la estancia subterránea de los muertos, y el de la divinidad. Simboliza la potencia vital que domina las fuerzas ciegas y monstruosas del caos; la regulación obtenida a través de un dominio interior. El ombligo asegura la comunicación de los hombres con el caos primordial, entre los hombres y su relación con el todo. Entre el todo y su relación con los hombres. Esta obra es la búsqueda de nuestras almas de anestesiar el dolor de nuestros días, y a través del arte podemos brindar(nos) la posibilidad de conectarnos con la huella del amor. El amor, por ser absoluto, aniquila el tiempo, el espacio, la historia. La construcción es experiencia entre cuerpos cálidos por los cuales el relato cobra vida. El cuerpo es el camino más corto de un alma a otra.




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