Lunes, 18 de Enero de 2016

De Javier Magistris
Punto Genital es básicamente, una historia de amor. Una historia que es varias y la misma; un amor a punto de quebrarse. O no. Una historia de amor en la que el sexo es ley. Dos parejas jóvenes se enfrentan a los miedos que sus fantasmas les producen: ¿cuál es el límite de nuestra entrega en el amor? ¿qué imagen tiene de mí mi pareja? ¿por qué esa pareja es, a veces, un obstáculo para mis deseos?. Una vez que el Otro se convierte en una presencia amenazadora, todo hasta lo más íntimo y preciado; las emociones más puras y auténticas, pierden su fundamento y se vuelven mecanismos de defensa o estrategias de dominación. Y antes del derrumbe -o incluso después- sólo queda la reconstrucción. El nexo que une todas las historias de Punto Genital, la gemelidad, compone una melodía misteriosa, que hará eclosión, precisamente, en el seno de estas vidas normales. Hasta modificarlas radicalmente. "Usar el cuerpo como herramienta de conquista; disponer del cuerpo del Otro como un campo de batalla donde se disputan la posesión o el abandono; elaborar sobre él estrategias para el cumplimiento del deseo; proyectar sobre esa pantalla improvisada las imágenes de lo prohibido; encender el fuego que consuma la voluntad hasta la entrega o el sometimiento; tatuar en cada centímetro de piel la alienación con las herramientas del placer; volver estériles al tacto los argumentos del sujeto y sus emociones: he ahí el dogma del pornodrama"




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