Lunes, 14 de Noviembre de 2016

De Adrián Canale, Marcelo Subiotto

"Sirena en el desierto" rescata una historia fantástica muy poco conocida, que ocurrió a principios de los años 50.
Noticias de algunos periódicos del sur de la costa de Buenos Aires, de la década de los 50, relevadas en los archivos de la Biblioteca del Congreso de La Nación Argentina, relacionan a un extraño virus con la desaparición de amplias zonas rurales de pueblos de costa de la Provincia, en su momento acalladas por la gobernación y los jefes sanitarios de la época.

La Noticia se refiere a zonas de campo en las afueras de lo que actualmente es Santa Teresita y San Clemente del Tuyú. Familias enteras, diezmadas por un extraño y convulsivo comportamiento que generó violentas muertes y centenares de desapariciones en esta zona costera de Buenos Aires.

El historiador rosarino Alejandro Paz Guiberti, de gran trayectoria en la Universidad Nacional de Tandil, reveló estos datos tras una búsqueda entre catastros y periódicos de la década de los 50, acerca la vida y las costumbres de los pueblos rurales de la provincia bonaerense. Señala que la pista más importante, hasta ahora encontrada por él , se halla en una información del Diario "La Voz del Sur". En ella se comenta el hallazgo en los viejos catastros de una comisaría de la zona, de una descripción posible del caso epidémico: un matrimonio y una mujer fueron hallados muertos dentro de su casa, con sus lenguas azules e hinchadas. La hija adolescente fue hallada dentro de una tina llena de agua estancada y presentaba un cuadro de amnesia y divagación. La crónica periodística cuenta que a la hija se la encontró aferrada a una pecera repleta de cornalitos putrefactos y repitiendo frases inconexas mientras se balanceaba constantemente con los ojos perdidos. Repet­a la pregunta ¿cómo es el mar?. Y como una letan­a decí­a cosas como: "la peste reina posee mi cuerpo"," El suelo es cielo, mis piececitos niños sangran" o frases poco comprensibles como "Estoy llena de morsas en el vientre, de océanos profundos que laten peces. Mis ojos tiemblan. Sobre la mesa está el amanecer que comeremos sin culpa. El deseo está en esta lava ardiente que recorre las habitaciones de los forasteros, que modela formas sensuales en la piel de los inocentes. Mis colmillos guardan la mordida última..."
Parecería que no fue fácil sacarla de la bañera para ser trasladada a la parroquia de Nuestra Señora de La Gracia, en donde se la cuidó hasta su huí­da y desaparición unos pocos años después.

Clasificaciones: Teatro




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