Miércoles, 20 de Enero de 2016

De Maria La Ribot

(España)

Cuenta Jaime Conde-Salazar (extractos del texto Fuck my gently, Espectador de mierda):

Laughing hole se estrenó en Art Basel 37 en 2006 y es su obra más larga (6 horas en la versión de Madrid). A pesar de la duración, la acción es muy simple. El suelo de la galería aparece cubierto de cartones marrones rectangulares mezclados de cualquier manera y creando una superficie irregular, mullida y cálida.

Los espectadores podemos ocupar cualquier lugar y decidir cómo y cuándo queremos ver la obra. La Ribot entra en la sala riéndose a carcajadas, levanta uno de los cartones del suelo, le da la vuelta, muestra el texto escrito en el revés y lo pega en la pared con cinta de embalar. Luego entran las otras intérpretes y hacen lo mismo. Las risas son grabadas, manipuladas y reproducidas constantemente creando una banda sonora paralela a las risas vivas de las intérpretes.

Todos los cartones tienen frases escritas: unas parecen eslóganes publicitarios, otras titulares de diario anglosajón, consignas de claro contenido político o, incluso, insultos y frases groseras. Los muros de la galería se cubren perdiendo su blanco higiénico y revelándose como auténticos muros que cierran y atrapan.

Una propuesta cuyo carácter político es declarado y evidente. Laughing Hole trata de la cárcel ilegal de Guantánamo y de toda la operación ideológica que rodea al asunto. Los carteles que se van desvelando no dejan duda: "tu muerte", "muérete allí", "mi Guantánamo", "agujero brutal", "mi agujero" "caca brutal", "espectador de mierda", "fuck me gently", "operación especulada", "especulador cuarentón", "se venden inmigrantes", "muerte especulada" etc.

Las frases que poco a poco se apoderan de los muros, crean un sistema de referencias evidente. Pero quizás el mayor esfuerzo político no esté en los textos sino en la risa. Esa risa obsesiva e histérica que inunda todo el espacio y que hace inevitable acordarse de la carcajada de Hannah Arendt ante la banalidad de Adolf Eichmann, responsable de muchas de las masacres nazis.

Así que de nuevo, la risa incontrolada vuelve a ser una reacción pertinente ante la banalidad de quienes exterminan la vida en el planeta. Pero quizás la risa inagotable tenga más implicaciones políticas que el sarcasmo y la amargura. Quizás la risa de La Ribot tenga también algo que ver con la risa de Demócrito de Abdera (c. 460-c 370 a.C.). Hay algo hedonista en esa búsqueda de un estado de descontrol y entrega en el que nos pone la carcajada.

Reír para hacer frente a la mediocridad estúpida de alcance global. Ante los criminales banales, reír y celebrar desde el cuerpo, desde un cuerpo ablandado por la carcajada, poroso, capaz de confundirse con otros cuerpos. Reír hasta caer agotados. Reír hasta que Guantánamo deje de ser una posibilidad. Quizás ahí esté la gran propuesta política de Laughing Hole.





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