Martes, 26 de Enero de 2016

De Eugenio Griffero

Si dos seres se encuentran a los 16 años y durante un verano descubren el amor es muy difícil que consigan 60 años después volver a encontrarse.
Si en efecto lo hacen puede suceder Príncipe Azul.
También pueden suceder otras cosas, pero esas son nada más que las circunstancias.
Lo que es único en PA es la cadena de reflexiones que dispara.
¿Qué es el amor?
¿Cuál es su esencia?
¿Es perecedero? ¿Cuánto dura?

Importa que sean dos hombres. No. Importa que se amen.
Importa que se piensen.
Que se evoquen.
Que no hayan podido olvidarse a pesar de cualquier circunstancia.
Familia, hijos, nietos, soledad.

Si nunca más volvieron a verse, se recuerdan siempre jóvenes.
La mirada de hoy ¿será tolerante? O, ¿impaciente?
¿Descalificadora?
¿Alguien llega victorioso, triunfal a los 76 años de edad?
Se llega como se puede.
Pero si para nosotros mismos es tan difícil comparar el hoy con el ayer de nuestros cuerpos y almas, ¿qué pasará con el otro?

¿Cuántas veces nos reencontramos con el otro?
Tantas como evoquemos.
Y cada vez que operemos el recuerdo volveremos a revivir lo vivido.
Pero con aquellas imágenes.
¿Cómo se puede imaginar la vejez de otro?

¿Sirven los reencuentros?
Algunos, seguro.
En el caso de PA, nos sirve a nosotros.
Para formularnos estas y otras preguntas.
Para entender o por lo menos intentarlo, los oscuros caminos que puede recorrer el amor.
El verdadero, el único, ese que se conoce una sola vez.

Este espectáculo cuenta con el apoyo de PROTEATRO





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