Miércoles, 19 de Octubre de 2016

Siete historias diferentes unidas por un mismo anhelo. Siete mundos que respiran un mismo aire. Un desvelo que alienta y traiciona, que acompaña y abandona. Tres hermanos siguen una luz que alumbre su encierro; una novia soltera; un departamento que amenza quedar desabitado; una mujer que agoniza frente a un televisor; una pareja rota que baila al son de lo que ya no existe; un hombre que se come su propio tiempo; un joven que es vigilado por la causa de su padecimiento y un paciente que solo padece raptos. Ninguno aleja su mirada de la línea. Todo se sucede en un mismo espacio, todos en un mundo con tantas ventanas como podamos ver.

Todas las historias coinciden en el mismo sentimiento extremo, el punto exacto en el cual el anhelo por concretar aquello que se desea se vuelve un desvelo que desespera.

El Desvelo surgió como fruto de un trabajo de investigación que realizamos en el taller de montaje que dictamos junto a Lía Bagnoli. Fue un proceso largo, con una búsqueda muy honesta. Nos inspiró una publicación de la década del cincuenta, un curso por correspondencia de hipnotismo, dentro del libro encontramos diversas cartas de personas que contaban cómo este método había cambiado radicalmente sus vidas. Cada uno trabajo con una de estas cartas y a partir de allí fueron surgiendo las escenas, algunos eligieron a los protagonistas y otros la estructura de la historia narrada. Uno de los mayores desafíos del espectáculo, donde se centró la última etapa de la investigación, fue generar escenas sin texto, momentos donde la palabra está de más, donde la acción se vuelve pura, comenta Hernán Morán

Clasificaciones: Teatro




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