Jueves, 28 de Julio de 2016

De Samuel Beckett
La situación inicial de “Días Felices” (Happy Days) no puede ser mas terrible a primera vista. Dos seres arrojados sobre la tierra yerma, -calcinada, arrajada- a solas con la palabra y sus pensamientos mas elementales. Ella –Winnie- enterrada hasta la cintura. El –Willie- reptando en la superficie reducido a lo mas elemental de un ser humano. Un timbre los despierta. Ella, Winnie, no cesa de repetir, sin ninguna ironía, que es feliz y aprovecha cualquier motivo para estar ocupada. Nunca estará ociosa –ni un instante. El margen de expectativa de Winnie es tan pequeño que cualquier “cosa buena” que sucede, le produce una gran alegría.




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