Sábado, 16 de Enero de 2016

Hay ideas, observaciones, comentarios, que forman parte de mis obsesiones. Algunas de ellas cobraron pasmosa actualidad. Los discursos habituales fracasaron porque dejamos de ser ciudadanos. Fracasamos porque dejamos que se nos olvidara la memoria y el argentino se convirtió en un extranjero de si mismo, en un exiliado de su propia condición. Solo parecía quedarnos el recuerdo vago de un largo viaje. Esa sensación de que ya no había nada que hacer, ningún lugar adonde ir o de donde volver. nos empujaron a hacer un viaje que nunca termina, nos distraen de lo esencial para obligarnos a peregrinar en búsqueda de una Tierra Prometida sin darnos cuenta que caminamos sobre ella. Nos queda entonces el falso consuelo de entretenernos con un puñado de acciones y objetos que entran y salen sin orden y sin respeto, que cambian continuamente de significado como a nosotros nos cambian las reglas del juego. Ya lo sabemos: acciones y objetos que no son nuestros, nos son impuestos como el exilio o como el viaje. de todo esto se nutre esta obra que construí con cada una de las partes desmenuzadas de mi historia, de nuestra Historia, trituradas hasta deshacerse. nos han fagocitado hasta la posibilidad de ser emigrantes o exiliados porque para eso hay que tener una pertenencia. Pero la entregaron, la robaron, lograron que existan los argentinos pero no la Argentina. ahora vienen con nuestra tierra mientras nosotros seguimos danzando sin movernos en este Carnaval de francotiradores, inmersos en un grotesco desfilar de mascaras donde detrás de sus rostros, sonrisas y promesas no hay nada. Danzamos en este desierto entre nuestros eternos cadáveres. A nuestro lugar lo transformaron en ninguna parte. Pero cuidado. Hemos empezado a mirarnos a los ojos, a reconocernos, a recordar. Cuidado...El viaje termino.




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