Sábado, 16 de Enero de 2016

De Eugene O'Neill

Con elementos de la vida del propio autor, Viaje de un largo día hacia la noche gira en torno a los conflictos de una familia norteamericana quebrada por las frustraciones y los vicios. Mary, una mujer presa de una adicción imposible de desarraigar, está casada con James Tyrone, un actor que ha pasado su vida haciendo giras sin poder formar un verdadero hogar y llevando frecuentemente a su esposa, que de joven soñaba con ser monja o concertista de piano, como acompañante. Ambos tienen dos hijos, Edmundo y Jimmy, quienes consideran que la tacañería de su padre es la causa de muchos de los males de la familia. Edmundo muestra talento para la poesía pero está gravemente enfermo, mientras que Jimmy, obligado por su padre a dedicarse al teatro, no logra encaminarse y gasta todo el dinero que cae en sus manos en bebida.

La obra transcurre desde la mañana hasta la noche del mismo día y muestra las expectativas que tiene la familia de que Mary se recupere, expectativas que se van frustrando a medida que pasan las horas. Y mientras tanto, van saliendo a la luz tragedias del pasado, resentimientos, decepciones y demostraciones de afecto, a pesar de todo.

"En este viaje póstumo, suerte de testamento literario de un escritor genial que no conoció limitaciones técnicas ni de estilo o enfoque cuando quiso decir algo, de un dramaturgo personal y polifacético en grado desconcertante dentro de su unidad, culminan, quintaesenciadas, todas las características del teatro de O'Neill: una preocupación torturante por detallar el escorzo psicológico de los personajes que se refleja hasta en las acotaciones; una intensidad trágica que apenas relaja y atenúa de tarde en tarde la sombra de una sonrisa; una vehemencia y una certera precisión en los apóstrofes y las increpaciones que recuerda las cumbres del ‘sublime' clásico alcanzado por Shakespeare, Esquilo y a veces Corneille; un soberano desdén por las limitaciones del tiempo y otras leyes del escenario y aun por la tensión nerviosa del espectador; una riqueza verbal que por momentos deslumbra con su inusitada poesía, su poderoso panteísmo, su derroche de imágenes; y, en fin, su sentido del suspenso y la tremenda fuerza del conflicto dramático."

León Mirlas en O'Neill y el teatro contemporáneo





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