Sábado, 16 de Enero de 2016

De Samuel Beckett
Tres urnas.
Tres cabezas asoman.
Una luz ilumina sus rostros y los hace hablar, hablar y hablar
mujer/marido/amante, eterno triángulo.
Una misma historia atravesada por tres voces que ansían la oscuridad, el
imposible silencio, la imposible paz.

Las tres cabezas en las urnas son puras invenciones, frescas imágenes agudamente definidas, que están sobre el escenario como objetos. Son máquinas de teatro. La gente sonríe al verlas, pero ellas se mantienen firmes: están a prueba de toda crítica. No llegaremos a ningún sitio si esperamos que nos digan qué significan, aunque lo cierto es que cada una tiene una relación con nosotros que no podemos negar. Si aceptamos esto, el símbolo se nos convierte en asombro. Este es el motivo por el que las oscuras obras de Beckett son piezas plenas de luz, donde el desesperado objeto creado, dá fe de la ferocidad del deseo de testimoniar verdad. Beckett no dice NO con satisfacción; forja su despiadado NO a partir de un vehemente deseo del SI, y por eso su desesperación es el negativo con el que cabe trazar el contorno de su contrario.
(Peter Brook, de "El espacio Vacío" 1969)

Este espectáculo formó parte del evento: Festival del Rojas 4





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