Viernes, 15 de Enero de 2016

De María Inés Falconi

El pueblo donde vive Pedro sufre una guerra que no comprende, generada por intereses muy distantes a los suyos. En un bombardeo, Pedro queda atrapado bajo los escombros y si se salva es gracias al afecto, al cuidado y a la inteligencia de un viejo analfabeto, que, atrapado igual que él le propone mantenerse despiertos y atentos inventando historias.

A Pedro no solo lo salva el afecto, si no también, lo salvan las palabras, no sólo de sucumbir debajo de las piedras, sino también, le dan la posibilidad de seguir viviendo después del desastre, reconstruyendo y dando vida al pueblo que parecía muerto para siempre.

Pedro vivía en un pueblo pobre, muy pobre, donde la nieve congelaba los pies en invierno y el sol partía la tierra en verano. Un día, en que los hombres estaban reunidos delante del único televisor que tenían, se enteraron de que su país estaba en guerra. No entendieron bien de qué se trataba. Sólo que los aviones pasaban y asustaban a las ovejas. Pedro preguntaba qué era la guerra, pero ni siquiera Don José, el viejo que ayudaba en la escuela, le sabía contestar.

Una tarde como tantas, en que los dos buscaban en el galpón la leña que había pedido la maestra, una bomba cayó sobre el pueblo. Pedro y Don José quedaron atrapados bajo las piedras. No se podían ver, pero podían oírse. Don José sabía que si se dormían estarían perdidos, entonces, a pesar de no estar del todo bien, ayudó a Pedro a mantenerse despierto y de buen ánimo incitándolo a inventar historias.

Ambos son rescatados, pero ya no volverán a encontrarse. Sólo sus historias los mantendrán unidos para siempre y le permitirán a Pedro reconstruir su vida en el pueblo.

Público Recomendado: A partir de los 8 años

Este espectáculo formó parte del evento: XV Encuentro de Teatro, Títeres y Cuentos
Este espectáculo formó parte del evento: XVI Encuentro de Teatro, Títeres y Cuentos





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