Sábado, 16 de Enero de 2016

De Samuel Beckett
Sobre un tablero de ajedrez se juega una partida perdida de antemano. El final esta en el principio y sin embargo uno continua. Afuera, el desierto. En el refugio, la eterna repetición de la misma pesadilla. El tiempo parece detenido. Solo la maldición del cuerpo lo desmiente: los dientes se pierden, los oídos no escuchan, los ojos no ven. No existe escapatoria. No es posible dejar de jugar. La muerte nos tienta como la única salida. Hamm, Clov, Nagg y Nell son miembros de una familia destruida y jugadores agotados suplicando el fin de esta partida infinita.




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