Martes, 18 de Octubre de 2016

De Guillermo Montilla Santillán

El Árbol de Galeano y el Grupo Creativo Mandrágora presentan esta obra de Guillermo Montilla Santillán (basada en el cuento: "El Traje Nuevo del Emperador" de H. C. Andersen).

La acción transcurre en Prusia, en una de las ciudades de Turingia, a finales del año 1806, durante las guerras napoleónicas de la llamada “Cuarta Coalición”.
La historia se desarrolla en torno a los antojos del Gran Duque, un noble que solo piensa en como lucirá vestido el día del majestuoso desfile que ha programado.
Para ello ha contratado a un supuesto sastre que “trabaja” día y noche confeccionando el más extraño y exótico traje que un Duque ha podido vestir en toda la historia: "un atuendo que es solo visible para aquellos que no son tontos", según el decir del sastre.
Ansioso de ser recordado por su majestuosidad, el Gran Duque subestima el avance de las tropas napoleónicas que están llegando a Prusia y deja de lado su función primordial: defender uno de los frentes.
Las tropas prusianas observan atónitas el comportamiento del Gran Duque. Ninguno de ellos es capaz de ver algo cuando el sastre les enseña los géneros con los que está trabajando, pero al mismo tiempo, nadie se atreve decirlo, por temor a aparecer como tonto ante sus compañeros y superiores.
Los enfrentamientos entre los soldados se suscitan cada vez con mayor frecuencia a raíz las discusiones absurdas que llevan a algunos a perder la vida con tal de no ser heridos por la daga del deshonor.
Conrado, uno de los encargados de custodiar al traje y a su sastre, comprueba que todo es un engaño: que Edmundo no es más que un impostor que solo quiere robar el oro del ducado. Lo que aún no se explica es por qué el sastre sale por las noches con rumbo desconocido y regresa a su taller antes del amanecer.
Tarde será cuando resuelva el enigma. Edmundo logra sacar del medio a cualquiera que se atreva a decir que el traje no existe, señalándolo ante el Vizconde como un conspirador.
El día del desfile, el Gran Duque solicita su traje. Negándose a asumir que él tampoco puede ver tela alguna, sale por las calles desnudo, en medio de ciegas alabanzas de su pueblo, hasta que un niño se atreve a gritar "el Gran Duque está desnudo", entonces el silencio da lugar a las carcajadas y el Gran Duque se siente derrumbar, abatido por tanta vergüenza.
Todo ha terminado; las tropas de Napoleón ya están encima de ellos: han logrado burlar los movimientos de los prusianos, ocupando la retaguardia. Se ha perdido mucho tiempo; es ya imposible detener lo inevitable: la historia nos vuelve a mostrar como el individualismo atroz de unos pocos y el silencio temeroso de muchos otros, tantas veces vivido y tantas veces negado, puede llevar al hombre a destruir aquello que tan sólidamente creía haber edificado.

Clasificaciones: Teatro




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