Viernes, 15 de Enero de 2016

De Mario Diament

Crónica de un secuestro, es una alegoría. Parte de la premisa de que la culpabilidad y la inocencia en nuestra sociedad son conceptos tan relativos, como pueden ser la seguridad y la desprotección. El secuestro, situación límite, sirve para desplegar ante nosotros el esqueleto de una sociedad corrupta, basada en el lucro y la mentira.
Un individuo obligado a desnudar su vida por la fuerza de una amenaza cuya naturaleza desconoce es capaz de alcanzar intensidades trágicas y genera un fenómeno dramático, allí, en algún punto medio entre los actores y los espectadores, donde el teatro cobra su verdadera vida.





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