Viernes, 15 de Enero de 2016

De Huaira Basaber, Maria Rosa Pfeiffer

El tejido produce semas: tela, velo, hilo, trama, malla, lienzo, con infinitas posibilidades de entrada al rasgarlo.

Circe cantaba con hechicero canto y tejía cuando Ulises llegó a la isla. Es probable que ese tejido fuera parte del engaño que tejía sobre una tela blanca.

En relación al sexo proponemos las fantasías escritas ya que las fantasías están relacionadas con el sexo y conviven en nuestro inconciente. Al llevar las fantasías a la práctica perderían los detalles que la hacen mágica. Son estimulantes porque están inscriptas en situaciones que no son realizables por nuestras creencias, por dificultades prácticas o por nuestra cosmovisión de lo sexual.

Trocando Fantasías se inscribe en la necesidad de producir un ritual donde los sentidos no contengan un relato dominante acerca del sexo y sus fantasías. Y que cada persona pueda producir de este modo textos que se cruzan en el tejido de una prenda femenina y una masculina.

Durante mucho tiempo se sostuvo la idea de que el hombre tiene mayor cantidad de fantasías. Hoy entendemos que esto no es así, aunque los medios de comunicación, intenten poner el énfasis en un mercado de fantasías consumibles.

Por ello Trocando Fantasías implica el trueque de subjetividad, teniendo en cuenta que tanto hombres y mujeres necesitamos construir nuestra propia subjetividad sexual, aunque atravesados por la aldea global y sociedad de consumo.

Sexo- Texto y Tejido comparten un lugar común que puede ser aquí traducido a una cinta roja y a cambio podrá obtener nuestras fantasías escritas con una galletita.

La idea es además reivindicar la creencia o la necesidad de construir afrodisíacos que este caso ocuparía la galletita. Este dulce estimula las feromonas para que las personas se comuniquen entre sí.

La puesta en escena de los sentidos implica hacer conciente la necesidad de estimular la hormona del placer opioide endógena.





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