Lunes, 17 de Octubre de 2016

De José María Muscari

Un experimento teatral elucubrado por Matías Méndez y José María Muscari


"Para ver Mujeres de carne podrida hay que hacer cola, de madrugada, en la esquina de Corrientes y Riobamba; subir una escalera de mármol blanca habitada por mujeres enajenadas (repiten un parlamento que inquieta de tan repetitivo); y seguir la pista de un museo cuya única cosmética consiste en exhibir prendas femeninas estridentes y en desuso. El público, generalmente una multitud, atraviesa pasillos y habitaciones hasta llegar al sitio que le está reservado. Son dos filas laterales de sillas plásticas que dejan abierta en el centro una pasarela estrecha por donde se desangran las quince integrantes de esta troupe dirigida por José María Muscari. Se supone que son modelos de alta costura desfilando un material apetecible, pero la dramaturgia de Matías Méndez las dibuja con trazos abominables: una tuerta, otra lasciva, una depresiva, otra obscenamente viril. Las hay también sumisas, acostumbradas a la disciplina que rige en este instituto de modelaje: mezcla de prostíbulo, cuartel militar y cárcel de mujeres filmada por un cineasta argentino. El eje dramático del espectáculo es bastante simple: se exagera hasta el patetismo la deformidad de las modelos y sus managers (la Rufina de Lola Berthet y la Quasimoda de Gabriela Villalonga son paradigmáticas). Pero no es fácil proponer quince deformidades no redundantes y combinarlas en un relato que establezca un sentido más allá de la mera sátira. A pesar de cierta desprolijidad y de la extrema austeridad de sus recursos materiales, Mujeres de carne podrida tiene lo que le falta a buena parte del Teatro con mayúsculas. Muscari, Méndez y sus quince chicas ofrecen deliciosos trabajos de composición, una producción apabullante (rollos de papel higiénico, bolsas de nailon avejentadas: todo sirve para fabricar ilusiones dramáticas). Y obligan a digerir imágenes y elaborar ideas a gran velocidad. Es una lástima que últimamente se haya generalizado la creencia de que estas cualidades son patrimonio del cine o la TV.”

(Crítica de Ivana Costa en Clarín espectáculos, 06-07-1998)

Premio Estrella de Mar a la mejor comedia

Clasificaciones: Teatro




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