Miércoles, 20 de Julio de 2016

De Roberto Tito Cossa

Fue estrenada en 1977, en plena dictadura militar, y es una de las obras más representadas del teatro argentino en toda su historia, tanto en versiones locales como en otras del exterior, incluso en variados idiomas.
Su permanencia puede tener que ver con la redondez lograda por Cossa en la confección de su grotesco, el atractivo de sus personajes y, sobre todo, por el misterio de esa criatura monstruosa que es la anciana del título, cuya voracidad va en aumento y determina un final casi shakespeareano.
La pieza puede tener otros significados a 31 años de su estreno, pero hay que pensar lo que sucedía en el país en aquellos años de sangre para asociar a esa cocoliche monstruosa que pasa de una áspera simpatía a transformarse en una amenaza tangible.
Se ha dicho mucho, por supuesto, pero esa particularidad es la que la habría hecho adaptable a otras sociedades y otros públicos ajenos a la mentalidad rioplatense y a esa suerte de neogrotesco que junta la carcajada con el dato fatal.
Dice Gaciosi: "¿Qué es La Nona? ¿Quién es La Nona? (...) Esa anciana que todo lo devora ¿qué está metaforizando?... ¿La sucesión de dictaduras que nos impedía avanzar? ¿Los manejos de la oligarquía que dejaban al hombre común con las manos vacías? (...) ¿La muerte de las utopías? (...) ¿O el agobio que nos impone el sistema que casi un siglo atrás ya preocupaba a don Armando Discépolo?".

Clasificaciones: Teatro




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